Monstruoso: el enigma de la “Tarasca”

Conocé más detalles de la enigmática Tarasca, ese enorme y horrendo monstruo que parece la conjunción de varios animales en un solo cuerpo.

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En el lunfardo porteño era frecuente escuchar el término “tarasca.” “¡Qué aparezca la tarasca!”, decían unos con énfasis a punto de iniciar una pelea. “Dígale a José que estamos con mucha bronca con él porque no repartió la tarasca como corresponde”, decía otro.

“Tarasca” es un término de origen francés tomado, como tantos otros, por el lunfardo para referirse al dinero; pero, en especial, a la plata de origen dudoso, vinculada a lo ilícito. También se vincula a esta palabra a otra que supera el ámbito del lunfardo para convertirse en un americanismo: “tarascón”, a quien puede dar un mordisco bien grande; o, también, el que puede agarrarse la tajada más grande de algo importante.

 

¿Qué es una “tarasca”? Se la describe con la morfología parecida a la de un dragón, dotada con seis cortas patas parecidas a las de un oso y un torso similar al de un buey, pero protegido con un caparazón de tortuga sobre su espalda y una escamosa cola con el aguijón de un escorpión; su cabeza, como la de un león con orejas de caballo y una desagradable expresión. O sea: un ejemplar surgido del entramado de diferentes especies, de origen desconocido. También anfibio; por lo que tanto podía atacar en tierra como en el río Ródano y arroyos cercanos.

La leyenda cuenta que el rey de Tarascón enfrentó a la Tarasca utilizando todo el arsenal de que disponía y desplegando por completo a su bien entrenado ejército. Fracasó siempre. La Tarasca mató a cientos de sus hombres.

En cambio, a quien conocemos como Santa Marta, decidió utilizar otros métodos para dominar a tan extraña y desconocida entidad. Usó plegarias que fue diciendo una y otra vez, hasta someter a la bestia. Al parecer, la Tarasca quedó en un estado catatónico por el que, si bien permanecía viva, no estaba en condiciones de moverse ni de defenderse. Esa misma noche, los pobladores del lugar aprovecharon esa indefensión, lo atacaron con piedras, garrotes, palas, hachas y otros elementos hasta matarlo.

Otra versión cuenta que Santa Marta se acercó a la Tarasca tranquila, mientras esta dormía tras tragar a una nueva víctima. La santa sin ningún miedo le arrojó agua bendita y le hizo la señal de la cruz. El monstruo despertó para seguirla obedientemente hasta la ciudad, donde los pobladores le dieron muerte.

Tras esto, Santa Marta hizo reunir a la gente para, de inmediato, dar un sermón en el que explicó lo mal que estaba matar a quien ya no está en condiciones de ejercer defensa alguna. Así se hubiera tratado de una entidad asesina y destructora como había mostrado ser la Tarasca.

Las palabras de la santa calaron tan profundo en la población que, arrepentida, cambió el nombre del pueblo por el de Tarascón, aún hoy vigente. Quedan sin respuesta varias preguntas. ¿Cuál es el origen de la Tarasca? Algunos investigadores hablan de una leyenda celta que llegó a la región francesa y, de allí, se difundió a varios sitios de Europa. Es una posibilidad.

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