Microdosis de alucinógenos: ¿funcionan para la salud mental?

Aunque hay todavía debate en la ciencia sobre los beneficios que podría tener el consumo de dosis mínimas de sustancias psicodélicas, esta práctica va en aumento. Quienes la defienden, afirman que los ayuda a disminuir la ansiedad, la depresión y aumentar su productividad

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La microdosificación es una práctica que cada vez despierta más interés, sumando por igual simpatizantes y detractores. Se trata de consumir dosis mínimas de sustancias psicodélicas para estimular la creatividad, la concentración, la productividad laboral y también para mejorar la depresión y la ansiedad.

Ejecutivas, amas de casa, estudiantes relatan de manera entusiasta los efectos positivos de las microdosis en su cuerpo en decenas de chats que inundan las redes sociales. Sólo uno de los foros sobre “microdosing” en Reddit tiene 187.000 seguidores.

Esa fascinación por la microdosificación es percibida con cautela por la comunidad científica. Una de las objeciones es que no existen suficientes estudios rigurosos sobre sus efectos a mediano y largo plazo en personas sanas, y mucho menos sobre su impacto en la salud de poblaciones específicas como mujeres embarazadas o personas con trastornos mentales.

Otro punto en contra es que las microdosis contienen sustancias ilegales y por eso no es posible adquirirlas en farmacias ni en ningún establecimiento que garantice su pureza y la exactitud de las diminutas dosis.

 

Todas las sustancias activas de la microdosificación psicodélica están clasificadas como drogas tipo 1, que son consideradas las más peligrosas por su capacidad de generar una dependencia psicológica o física potencialmente grave.

En su defensa, los consumidores explican que los actuales marcos legales deben ser revisados porque se trata de una terapia que busca la salud y el bienestar y que en ningún momento lleva a la adicción.

Para que la microdosis funcione hay que tomar dosis muy pequeñas de sustancias psicoactivas que en ningún momento deben “drogar” o “colocar”. Se trata de una fracción de lo que tomaría una persona para tener una experiencia alucinógena con fines recreativos.

Y a falta de protocolos científicos establecidos, las personas sólo pueden guiarse de la experiencia de conocidos para decidir qué sustancia tomarán.

Se pueden tomar microdosis del conocido alucinógeno LSD, o Dietilamida de ácido lisérgico, que es un químico sintético elaborado de cornezuelo del centeno, un hongo parasitario que crece en ese cereal.

También son populares las microdosis de psilocibina, que es el componente activo de los llamados hongos mágicos. Otras sustancias utilizadas son la mezcalina, que se encuentra en dos tipos de cactus conocidos como peyote y San Pedro; la ibogaína, extraída de un arbusto originario de África Ecuatorial y la ayahuasca, una liana amazónica de la que se elabora un brebaje utilizado de manera ceremonial y medicinal por los chamanes sudamericanos desde hace al menos mil años.

 

El bienestar de la microdosis

Muchos de los que han decidido explorar la experiencia de las microdosis no se han arrepentido. Ana Elena intentaba mantener el equilibrio mientras hacía malabares para lidiar con varios problemas a la vez cuando se atrevió a tomar las microdosis. Sentía estrés, ansiedad, insomnio y un desorden alimenticio que le impulsaba a seguir comiendo aún después de la saciedad.

Los comentarios positivos de varias amigas que ya habían probado las microdosis y su deseo de seguir un tratamiento natural fueron los elementos decisivos para comenzar. Ana Elena relató a Lamarca Well que el primer día tuvo una sensación extraña. “Me sentí un poco eufórica. Estaba súper feliz, súper concentrada”, dijo Ana Elena, quien comparó la experiencia con el metilfenidato, un medicamento psicoestimulante usado para el tratamiento del trastorno por déficit de atención con hiperactividad y la narcolepsia.

El segundo día desapareció la euforia y surgió la sensación de estar más en contacto consigo misma. Dejó de comer compulsivamente y su sueño mejoró. Lo que más le impresionó fueron los cambios en su estado de ánimo porque fue capaz de reaccionar asertiva y calmadamente a situaciones que en otro momento la hubieran molestado.

Su tratamiento duró dos meses, aunque explicó que cada terapia se diseña de manera individual porque varía dependiendo de las motivaciones a iniciar esta terapia.

Ana Elena reconoció que la práctica no está aprobada en España y que el empaque donde vienen las microdosis no tiene ningún tipo de identificación.

 

Origen de las pequeñas cantidades

Antes del auge de la microdosificación psicodélica, el doctor Eugenio Martínez Bravo desarrolló la técnica terapéutica de la microdosis, tomando como base la tradición herbolaria mexicana para el tratamiento de algunas enfermedades.

El médico mexicano postuló el efecto curativo de cantidades muy pequeñas de sustancias químicas, disueltas en un vehículo hidroalcohólico y aplicadas en las terminaciones sensoriales, principalmente de la lengua. La microdosis estimularía respuestas enviadas hasta el hipotálamo y de allí hasta la corteza cerebral, donde comenzaría el proceso de sanación. Pero los críticos señalan que ni Martínez Bravo ni otros investigadores han podido aclarar las bases científicas de sus planteamientos.

Albert Hoffman, el químico suizo que descubrió el LSD en la década de 1940 mientras intentaba desarrollar un medicamento para el sistema circulatorio, sugirió que dosis mínimas de ese psicodélico podrían ser una alternativa adecuada al metilfenidato, que también se conoce con sus nombres comerciales de Ritalin y Concerta.

El psicólogo estadounidense James Fadiman decidió explorar la hipótesis de Hoffman y desarrolló un manual para el uso seguro de las microdosis. El investigador lleva un registro desde 2015 con las experiencias detalladas de unos 1.850 usuarios de 59 países.

Pero la tendencia creciente a tomar microdosis de psicodélicos la impusieron los jóvenes empresarios y desarrolladores de Silicon Valley, en California, quienes buscaron opciones farmacológicas menos dañinas que las anfetaminas y metilfenidatos para mantenerse siempre en la cresta de la ola tecnológica.

Paul Austin es uno de los propulsores del uso de psicodélicos para el crecimiento personal, la creatividad y la transformación profesional. Ha escrito libros, da conferencias y se autodenomina el primer coach especializado en las microdosis.

 

Entre la euforia y la incredulidad

Pese a la vehemencia de los consumidores, hasta la fecha se conocen pocos estudios científicos que validen científicamente la efectividad de la microdosificación.

Los detallados testimonios que ha obtenido Fadiman son considerados relatos sesgados por los investigadores más tradicionales. Los experimentos más sólidos para determinar la efectividad de cualquier sustancia o medicamento son los doble ciegos, en el que ni el experimentador ni el sujeto de la experiencia conocen el origen de la muestra o el tratamiento, durante el periodo que dura la experimentación, con el objeto de no influir en los resultados.

Casi todas las investigaciones son anecdóticas, como la publicada en la revista Nature en noviembre de 2021, que concluyó que los adultos que tomaron microdosis psicodélicas dijeron tener menores niveles de depresión y ansiedad que los adultos estudiados que no consumieron microdosis.

La investigación incluyó a 4.050 consumidores de microdosis y a 4.653 no consumidores que respondieron cuestionarios en una aplicación móvil. El 85 % de los consumidores usó psilocibina y el 11 % LSD.

Otra variante identificada en este estudio es la práctica del stacking, que es el consumo de microdosis psicodélicas junto con otras sustancias. La técnica fue introducida por el micólogo Paul Stamets, quien asegura que una mezcla específica de hongos mágicos, hongos melena de león y vitamina B3 mejora el funcionamiento cognitivo del cerebro.

La mezcla de sustancias psicotrópicas no fue una invención del científico sino una reinterpretación de rituales aztecas ancestrales, que combinaban cacao con hongos de psilocibina en el rito del cacahua-xochitl, que significa algo así como hongos achocolatados.

En la Europa de la Edad Media, se describió la mezcla de sustancias psicoactivas como algunos tipos de hongos, la ortiga (Urtica dioica), el beleño negro (Hyoscyamus niger) con la cerveza para acrecentar su efecto embriagador. Esa costumbre fue abolida en seco en Alemania en 1516, con la aprobación de La Ley de la Pureza de la Cerveza de Bavaria.

Otro estudio publicado en marzo del 2020 por investigadores del Imperial College de Londres encontró que los beneficios reportados de las microdosis podrían atribuirse a un efecto placebo. Un placebo es una sustancia que parece un tratamiento pero que realmente no lo es. Se trata de una sustancia inerte y biológicamente inactiva, con capacidad de producir efectos por el sólo hecho de haberse tomado.

Lo que dice Fadiman

El llamado gurú de las microdosis, James Fadiman, tiene una página en internet para explicar los beneficios del tratamiento y las mejores prácticas para evitar posibles efectos adversos.

Las microdosis de sustancias como la psilocibina o el LSD deben rondar de 1/20 a 1/10 de la dosis que regularmente se usan para tener un “viaje” psicodélico. Eso quiere decir que las personas que toman microdosis jamás deben sentirse “drogados” o tener alucinaciones. Si eso ocurre, Fadiman advierte que la dosis ingerida fue demasiado alta. Esa cantidad se traduce es de 5 a 10 microgramos de LSD y de 0,1 to 0,4 gramos de hongos mágicos (psilocibina).

Las dosis varían porque cada organismo asimila la sustancia de una manera diferente. Otra recomendación de Fadiman es no tomar microdosis todos los días. Para él, lo ideal es proponerse ciclos de 3 días para evitar el desarrollo de la tolerancia, es decir, que el cuerpo se acostumbre a la droga y la persona sienta la necesidad de subir las dosis para sentir el mismo efecto.

Los entendidos insisten en la necesidad de tomar conciencia del proceso. De permanecer atentos a las emociones y sensaciones que el tratamiento suscita en los físico y emocional. Siguiendo este camino, Fadiman sugiere tomar una microdosis el primer día y mantener un estado de observación interior. El segundo y el tercer día serviría para experimentar “microresplandores”, que son los efectos remanentes de la sustancia, para luego volver a tomar una microdosis el cuarto día.

Fadiman dice que cada persona debe decidir su senda. Pero recomienda no exceder los 10 ciclos de manera ininterrumpida. Es decir, si la persona decide hacer ciclos de 3 días, terminará su tratamiento en un mes. Luego debe parar para permitir que el cuerpo metabolice todas las sustancias y vuelva a funcionar sin ninguna ayuda gracias a los beneficios y al equilibrio logrado con el tratamiento psicodélico.

Pero hay personas que siguen tomando microdosis de manera habitual a pesar de los riesgos.

Existe la falsa creencia de que una sustancia natural es menos dañina que una sustancia sintética. No hay nada más natural que el veneno de una araña, o los componentes tóxicos de plantas como la cicuta, la adelfa o la belladona. Así que tampoco hay que fiarse de la inocuidad de los hongos solo porque no han pasado por un proceso de producción industrial.

Fadiman expresa específicamente que las personas con daltonismo no deben realizar tratamientos de microdosificación. Al menos cinco hombres con esta patología, que les impide ver los colores de manera normal, reportaron distorsiones visuales como colores o imágenes que permanecían por días en su marco visual.

Las personas con problemas psicóticos como la esquizofrenia tampoco deberían consumir microdosis. Fadiman dice que hay investigaciones que sugieren que los desórdenes psicóticos pueden empeorar con el consumo de sustancias psicodélicas. Las personas con trastorno bipolar deben evitar a toda costa consumir microdosis en su fase maníaca.

El autismo es otra contraindicación. El motivo es que las personas diagnosticadas con algún trastorno del espectro autista necesitan una dosis mucho más elevada de psicodélicos para notar algún beneficio que se salen del rango de la microdosificación. Y eso eleva los riesgos asociados.

Fadiman no conoce los efectos que los psicodélicos pudieran tener en mujeres embarazadas, pero se sugiere evitar las microdosis en la gestación y la lactancia.

Algunas personas sanas también han experimentado efectos secundarios con la microdosificación: Los más frecuentes son ansiedad, paranoia, inestabilidad emocional, malestar estomacal, náusea, dificultades para dormir, dolores de cabeza.

Usuarios con tinnitus, un desorden en el que se escucha un zumbido o ruidos en los oídos sin que exista una fuente sonora externa, han empeorado con las microdosis.

También es posible que la microdosificación a largo plazo pueda exacerbar condiciones cardíacas preexistentes. Y tampoco es buena idea combinar las microdosis con alcohol, otras drogas, si tomas Litio y mucho menos si eres menor de edad.

 

Lo que hay que poner sobre la balanza

El Centro Nacional de Adicción de Estados Unidos advierte que no existen suficientes pruebas científicas que respalden la seguridad de la microdosificación y que sus principales defensores no son profesionales de la medicina ni de la psiquiatría. Recordemos que la formación académica de Fadiman es la psicología, área de la salud mental que no está autorizada para recetar medicamentos.

Este organismo insiste en que el LSD y otras sustancias psicodélicas son “peligrosas e ilegales” y su uso puede causar serias complicaciones médicas, sociales y jurídicas.

En abril de 2021, el directivo de una exitosa empresa emergente californiana fue despedido por tomar una microdosis de LSD antes de una reunión de trabajo. Justin Zhu explicó que no intentaba quebrantar la ley sino mejorar sus niveles de concentración para ser un gerente más efectivo. Pero el resultado final fue que debió abandonar el exitoso emprendimiento unicornio que él mismo había ayudado a fundar.

Es posible que en el futuro aumenten las investigaciones científicas que ayuden a eliminar la criminalización del uso de psicodélicos. David Presti, profesor de neurobiología de la Universidad de California en Berkeley, especializado en los efectos de los fármacos a nivel cerebral, cree que las microdosis son más seguras que los antidepresivos.

Pero el Instituto Trimbos, un centro holandés que estudia la interacción del alcohol, tabaco, drogas y la salud mental, no recomienda la microdosificación con LSD. “Es muy difícil medir exactamente una microdosis. Tu quisieras consumir 10 microgramos, pero pudiera ser que la gota de LSD no quedó distribuida de manera homogénea en el sello. Entonces tomarás mucho más de lo que crees. También hay productos que son vendidos como LDS pero contienen otros alucinógenos. Allí también existe un riesgo”.

 

lamarcawell.com

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